Stolbizer, la defensora de la reforma laboral de la Banelco

DIME QUÉ DEFENDISTE Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

La Alianza “Progresistas” liderada por Margarita Stolbizer obtuvo en las elecciones primarias del 9 de agosto el 3,51% de los votos. Como ella misma reconoció sus aspiraciones no se vieron “satisfechas”, tanto que adelantó que en estos días harán una autocrítica pública.

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Durante la campaña electoral el discurso de la candidata de “Progresistas” apuntó por igual contra las figuras máximas del FpV, CAMBIEMOS y UNA. Refiriéndose a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa la candidata decía: “Todos ellos registran el antecedente de haber formado parte de la década del ’90, de la depredación total de la Argentina, cuando las privatizaciones dejaron a millones de personas sin empleo y se generó el germen de la corrupción”.

Las acusaciones son válidas pero no es precisamente Stolbizer quien pueda hacer estas denuncias sin convertirse ella misma en una hipócrita. La candidata presidencial de “progresistas” fue diputada nacional por la Alianza, el gobierno encabezado por el radical Fernando De la Rúa y su ministro de Economía, Domingo Cavallo. Como es sabido, la Alianza fue el gobierno que, terminado el mandato de Menem, se dedicó con ahínco a continuar con la obra “depredadora” de su antecesor.

Uno de los hitos más significativos del gobierno de De la Rúa fue la votación de la ley de reforma laboral. El proyecto, llevado al Congreso en febrero de 2000, era básicamente una continuidad de las leyes sancionadas durante el Menemato, la 24.013 (Ley de empleo) y la 24.465 (Régimen de Contrato de Trabajo), que avalaban los contratos “basura” y protegían a los empresarios que despedían obreros sin siquiera pagarles indemnización. La nueva ley avanzaba además en darle carácter jurídico a la flexibilización laboral. Pero además, y por sobre todo, la ley, pasó a la historia por tratarse de un escándalo de corrupción mayúsculo.

En marzo del 2000 el dirigente de la CGT Rebelde, Hugo Moyano, presentaba una denuncia en el Senado asegurando que el ministro de Trabajo, Alberto Flamarique, le había comentado a algunos sindicalistas que disponía de una “Banelco” para coimear a los Senadores a fin de que aprobaran la reforma. El 26 de abril, cuando se produce el tratamiento de la ley en la cámara alta el gobierno logra la votación con el aval de varios senadores peronistas indispensables para poder conseguir la media sanción. Pasados unos meses ya de la sanción definitiva, Emilio Cantarero, senador del PJ admitió públicamente haber cobrado coimas a cambio de votar a favor de la reforma. El escándalo fue enorme y terminó, como es de público conocimiento, con la renuncia del vicepresidente, Chacho Alvarez. Tres años después se probó que las coimas habían existido. Mario Pontaquarto, el secretario parlamentario del Senado de ese entonces, confesó De la Rúa había dicho textual, respecto a los sobornos: “arréglenlo con Santibañes”. Santibañes era el jefe de la SIDE. Pontaquarto había sido el encargado de ir a buscar el dinero a la SIDE por orden del presidente y de coimear a los senadores.

La votación de la reforma laboral constituye uno de los mayores escándalos de corrupción pública (sí, la misma “corrupción” que siempre está en boca de Margarita). Pero Stolbizer no fue solamente una de las diputadas radicales que votó en la Cámara baja la Reforma Laboral. La diputada formaba parte de la Comisión de Legislación Laboral en el Congreso y como tal conocía al dedillo el proyecto. Por lo tanto fue una de sus defensoras más destacadas.

Según puede leerse en las minutas de la sesión del 24 de febrero de 2000 la entonces diputada nacional por la Provincia de Buenos Aires, Margarita Stolbizer decía: “Este proyecto busca ratificar este compromiso constitucional con el derecho del trabajo (…). El derecho laboral establece limitaciones al avance y al poder que tiene el empleador frente a su trabajador, y también le impone la irrenunciabilidad de los derechos que hubiera adquirido a partir del derecho del trabajo”. Y continuaba “Nosotros necesitamos recuperar el derecho colectivo por sobre el derecho individual, recobrar el protagonismo de los representantes de los trabajadores para garantizar la disminución del grado de debilidad y vulnerabilidad que hoy padecen cuando se reúnen con su empleador para resolver el conflicto”.

Un discurso sin vergüenza. Para los trabajadores la nueva ley era una de las reformas laborales más antiobreras jamás conocidas que liquidaba de un plumazo conquistas históricas. Fuera del Congreso, el mismo día que hablaba la candidata de “Progresistas”, miles de trabajadores manifestaban su repudio convocados por la CGT Rebelde y la CTA buscando impedir la aprobación de la reforma antiobrera.